Decidí que ya era hora de finalizar el conflicto,
nuestro duelo debía de concluir.
Tras un largo tiempo de lucha, incontables daños,
heridas por todo mi cuerpo, por el suyo.
Mordidas, arañazos, sangre.
El estaba agotado, tanto que dejó su forma de lobo
y volvió a su forma humana, estaba de pie y sin moverse.
Yo me lancé hacia el a toda velocidad
la victoria estaba a punto de ser mía,
después de tanto tiempo de luchar,
era mi oportunidad de ganar.
Pero esa no era la respuesta,
siempre lo supe y ahora era el momento
de actuar.
Al estar a nada de impactar con el y así
erradicar su existencia, dejé mi forma de lobo
y me detuve justo frente a el.
Lo abracé y le dije que podía sentir su dolor,
que ya había sufrido demasiado,
que su sufrimiento debía terminar.
El parecía conmovido, aunque en realidad
eso no era así...
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