me adentré en aquel laberinto,
con el objetivo de encontrarlo.
Después de un rato de silencio
y de búsqueda, comenzaron los
murmullos, era una sensación inquietante,
sabía que estaba cerca, sin embargo,
el no quería aparecer de frente,
lo tenía que encontrar.
Pensé que tal vez funcionaría
el provocarlo, y así fue.
Ahí estaba, frente a mi, molesto,
lleno de ira, aún más descontrolada
que de costumbre debido a la provocación.
Ya era hora de arreglar nuestras diferencias,
era el momento de llevar a cabo nuestro duelo.
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